dimarts, 9 de març de 2021

"Gabriel Ferrater y la poesía moral", l'altra entrevista de Baltasar Porcel

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La lectura de la tesina de Zofia Stasiakiewicz em va conduir cap al número 1572 de la revista Destino, del 23 de setembre de 1967, al text de Baltasar Porcel "Gabriel Ferrater y la poesía moral", pàg. 38-39 (disponible gràcies a l'Arxiu de Revistes Catalanes Antigues de la Biblioteca de Catalunya). Sembla una secció habitual del setmanari: "Los encuentros de Baltasar Porcel", de la qual devien derivar dos llibres, el 1969 i el 1971, que es titulen Los encuentros: primera serie i Los encuentros: segunda serie. Stasiakiewicz citava aquesta entrevista unes quantes vegades amb profit i la consignava a la bibliografia: és una peça a tenir en compte, que cal recuperar en unes obres completes de Ferrater. De Porcel, n'havíem pogut llegir l'excel·lent entrevista del 1972 publicada a Serra d'Or, pòstumament, reproduïda a Papers, cartes, paraules

Copio el text de les respostes de Gabriel Ferrater sencer, destacades amb cursiva com a la revista, i escurço alguns dels comentaris i les descripcions de Baltasar Porcel, llevat de l'entradeta inicial, que deixo sencera. L'entrevista inclou com a respostes, un parell de cops, fragments sencers, traduïts al castellà, de la nota que tancava Da nuces pueris, que es considera la poètica de Ferrater: m'imagino que a Porcel li devien anar bé per acabar de farcir la col·laboració, o bé per reproduir amb exactitud, d'alguna manera, el que Ferrater li havia explicat. He distingit aquests dos fragments en rodona.

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Los encuentros de Baltasar Porcel

GABRIEL FERRATER Y LA POESÍA MORAL

Encontré a Gabriel Ferrater al anochecer, en un tren atiborrado de gente. Iba sentado, la expresión entre abstraída y enconada, plegadas en ángulo agudo sus largas piernas, las rodillas casi a la altura del pecho. Yo no le había visto desde que se le concedió el Premio Crítica 1967 de Poesía --a base de este jurado, que es lo que cuenta: Josep M. Castellet, Joan Fuster, Joaquim Molas, Joan Triadú i Joan Lluís Marfany-- por su libro Teoria dels cossos. Recordé la ideas que sustenta Ferrater --"Entenc la poesia com la descripció, passant de moment en moment, de la vida moral d'un home ordinari, com sóc joc. Cap de les coses que les meves poesies consignen no té cap valor eminent..."-- y, naturalmente, le pregunté por su vida y su obra.

     --Esta vida que me ganó traduciendo. Y es durísimo. Me pongo delante de la máquina de escribir, solo, en casa, y miro el papel blanco y me entra una especie de angustia, algo como un vacío en el estómago. Para poder ir comiendo, necesito traducir siete u ocho horas diarias, si soy capaz de resistirlo. Estoy deprimido. Ahora me he matriculado en la Universidad para acabar una carrera y marcharme a los Estados Unidos, de profesor. Hay poco que pelar, aquí. ¿Mis ideas políticas? Creo que todos los políticos son unas malas bestias, pero también que hay unos que son peores que los otros. Stalin, por ejemplo, era una bestia peor que Trotski. Seguramente es por esto que Trotski las pasó moradas y que a Stalin les salió todo perfecto... Estoy deseando llegar a Sant Cugat para tomar una cerveza. Debería no beber ni fumar, sobre todo ahora que ya empiezo a sentirme los años y que las resacas se me han hecho agónicas, aunque debo tener un higado de aluminio porque no dice ni palabra. Pero ya explicó Malcolm Cowley que el alcohol es la enfermedad laboral del escritor. Casi no bebo más que whisky (Scotch y a veces Bourbon), ginebra (seca, del tipo inglés, nunca holandés) y vodka. Y mucha cerveza. El vino no me gusta si no es muy bueno, y el vino muy bueno es muy caro.

Habla prácticamente a gritos, con su voz nerviosa y chillona, que a ratos tartamudea. [...] Gabriel Ferrater es un gran poeta:

     --¿Te parecen estrambóticos los títulos de mis dos primeros libros? ¡Oh, no sé por qué! "Menja't una cama" es un título muy simple. Y "Da nuces pueris" todavía más. Esta frase, que como mucha gente sabe pertenece a un epitalamio del poeta latino Catulo, es usada por mi al margen de su contexto. Yo la entiendo como un precepto ético, y lo es altamente por cuanto se hace cargo del hecho de que a los niños les gustan las nueces. Es una frase que habla a favor de la felicidad. Por otra parte, mis títulos me parecen mucho menos estrambóticos que "Les fleus du mal", que "El diablo mundo" o que "El veire encantat". En todo caso, un título no es sino una etiqueta, destinada a vaciarse de sentido y a descender al nivel de la palabra "Kodak", por ejemplo... Bueno, pero puede que sí, que tiendo a titular los libros en broma, seguramente para insinuar que considero ridícula la manía de los poetas, desde "Les contemplations" hasta hoy, de componer libros llenos de puertas y ventanas bien distribuidas. Las únicas unidades de sentido, para decirlo así, que me tomo seriamente, son el poema individual y la obra entera de un poeta. Inventarse unidades intermedias, con apartados y visillos, considero que es una forma como otro cualquiera de peinar el gato.

La poesía tuvo, en el país, una posguerra extensa y dorada. Atrincherada en el simbolismo, probablemente porque la realidad era dura, fue el eje y la expresión mayor de nuestra literatura. La muerte de Carles Riba, bandera de reciedumbre total, y la marea de la poesía social cuartearon la antigua situación, entre cuyos pedazos vacilantes surgió una literatura, y sobre todo una concepción de la literatura, más atenta a la realidad cotidiana y al quehacer del hombre en su geografía y en su situación histórica. Fue cuando el paso de los cincuenta a los sesenta. La obra de Josep Pla, por ejemplo, que antes había sido calificada como carente de trascendencia metafísica y demasiado a ras de suelo, entró en una nueva fase de absoluta revalorización. [...] Gabriel Ferrater, que publica en 1960 su primer libro, a los treinta y ocho años de edad, se coloca rápidamente entre los escasos poetas radicalmente densos que ha manufacturado Cataluña el último cuaro de siglo. Sus poemas "In memoriam" y "Poema inacabat" pueden leerse y releerse --y hablo de una experiencia personal-- tantas veces como "Mari del sud", pongo por caso, y teniendo en cuenta que la ironía de Gabriel Ferrater no tiene nada que ver con la nostalgia de Cesare Pavese.

     --De mis poesías me encuentro más bien satisfecho, en el sentido que considero haber dicho en ellas aquello que quería decir. Lo que me proponía era, simplemente, esto: apuntar algunas observaciones sobre mí y sobre otras personas. Recuerdo muy bien que esas observaciones se me acudieron mucho antes que el vehículo a través del cual comunicarlas. Pasé un tiempo en que creí que mi forma literaria sería el aforismo, algo en la línea de La Bruyère o de Nietzsche. Pero tuve que convencerme de que mi prosa no era lo suficientemente buena. Las posibilidades de la poesía me las descubrió sobre todo, el verano del cincuenta y siete, la lectura de Shakespeare. El lyceé francés me había metido en la cabeza que todo el teatro tenia que ser como el de Racine, y esta estupidez tuvo una consecuencia excelente: que no leí a Shakespeare hasta que era capaz de entender una buena parte del mismo. Por cierto, que no se si nadie se ha dado cuenta (a mis amigos se lo he dicho yo) que "In memoriam" es una imitación de King Lear (¡y dispensen!)... En rigor, desearía que me hubieran influido todos los escritores que he leído, porque si no me han influido quiere decir que he sido poco sensible hacia ellos. Ya sé que este idea es irrealizable, pero puedo decir que soy un imitador sistemático y profuso, y que he copiado todo lo que me ha parecido copiable, en concreto, todo aquello que era marcadamente diferente a lo mío. De hecho, no conozco ninguna otra forma segura de llegar a ser original. Si me dedico a copiar a Malherbe, supongamos, como no tengo ni la más remota posibilidad de semejarme a él, caeré fatalmente en la originalidad. En cambio, si copio a Aragon o a algún otro contemporáneo, lo más fácil es que la copia me salga perfecta, y solamente seré un plagiario. Es | lo que pasa con los poetas castellanos actuales: cada uno imita al vecino de al lado, y han llegado a una entropía casi absoluta. Una pequeña suerte que he tenido es que "Letter to Lord Byron", de Auden, ha sido durante muchos años inencontrable, y que escribí mi "Poema inacabat" antes de leerla, porque de conocerla me hubiera impedido el escribirlo, y hasta a mí me parece increíble la pura verdad: que no imitara en nada a Auden. El hecho real, desde luego, es que tanto Auden como yo imitamos el "Don Juan", y como tenemos más o menos la misma edad (creo que Auden me aventaja de quince años), es inevitable que ambos miremos a Byron con idénticos ojos.  

Descendemos del tren y andamos por las calles desiertas de Sant Cugat del Vallès, entre farolas tenues. [...]

     --Poca cosa es un poeta, te lo aseguro, si es incapaz de redactar sin angustias, paso a paso y en cualquier momento, con una firme eficacia estilística, cualquier motivación que haya llegado a concebir con claridad. Óptimamente, todo poema debería ser claro, sensato, lúcido y apasionado, en una palabra: divertido. Puede perdonarse que un poeta sea deficiente en algún aspecto, pero son para mi imperdonables los muchos poetas de ahora que reservan para la poesía sus estupefacciones, y su poesía refleja de ellos una imagen tan idiota que no puede ser la de ninguna persona viva, por cuanto una vida no se conserva si no está muy atenta a las leyes del dinero y a los movimientos de los hombres y de las mujeres. Cuando escribo una poesía, la única cosa que me ocupa, y que me cuesta, es la de definir con precisión mi actitud moral, o sea, la distancia que hay entre el sentimiento que la poesía expone y lo que podríamos denominar el centro de mi imaginación... Sin embargo, debo añadir que en estos momentos no siento ningún deseo particular de decir absolutamente nada. Y puede que, con un poco de optimismo, pueda tomármelo como indicio de que mis poemas han dicho, en efecto, lo que tenían que decir... Lo que hago, en cambio, es estudiar lingüística. Mi propósito inicial fue el de entender un poco el mecanismo del catalán, pero pronto descubrí que no existe ninguna gramática catalana. Fabra era admirable, pero iba tremendamente con pies de plomo, y no cubrió sino el terreno mínimamente necesario. Sin contar que por disciplina, que entonces creían que era una virtud importante, aceptó muchas burradas de los mallorquines con sotana. Y los que han venido después no han hecho otra cosa que trivializar. De todas formas, pronto descubrí que las buenas gramáticas son una de las cosas de vuelo más elevado, en todo el mundo. Hace un par de años que solo leo lingüística y puedes creerme si te digo que intentar penetrar en Sapir o en Benveniste, los dos mejores lingüistas que conozco, en Bloomfield, en Chomsky, en Jakobson, en Hjelmslev, es superlativamente divertido. Pero las gramáticas del francés o del inglés, o del castellano, si sobre este idioma existiera alguna, no pueden servirnos de modelo. Se trata de gramáticas de un uso literario muy fijado, y el uso del catalán es fluctuante y estirajeado por los dialectos. Las únicas lenguas que se hallan en un estado en parte similar al nuestro son el rumano y el noruego, y especialmente el polaco, el checo y el eslovaco. Pero, hoy por hoy, todo lo que yo sé de eslavo puede envolverse en una hoja de brezo. Tengo trabajo para rato.

Hemos llegado frente al monasterio románico. [...] Y sigue charlando con vehemencia, fulgurante la mirada.

     --Nuestra literatura es, sin duda, mucho más floja que la inglesa, pero quizá no sea mucho más débil que la rumana. Sin embargo, el problema más devastador y siniestro que pesa sobre ella no depende de ella misma: reside en el hecho de no formar parte de un complejo cultural amplio y rico. Por muy pesimistas que queramos ser sobre la literatura catalana, nadie puede negar que es incomparablemente mejor que la matemática catalana, la física catalana, la lingüística catalana, la etnología catalana y, sobre todo, la burguesía catalana, que ni tiene dinero sólido, ni lo deja ir, ni lo usa con un mínimo de criterio. Fíjate en la famosa Fundació Bernat Metge: nunca fue una tal fundación, por cuanto en ningún banco hubo jamás una cuenta a su nombre. Era un negociejo particular del señor Cambó, señor que no fue ningún mecenas. El mecenas fue Carles Riba, trabajando años y años por un pequeño sueldo mensual... ¿Sabes lo que veo a mi alrededor? Muchas imposibilidades absolutas.

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Hi ha un apunt d'aquest blog que consisteix en un índex de noms del conjunt de llibres i textos esparsos de Ferrater, entre els quals he inclòs el buidatge d'aquesta entrevista.

Baltasar Porcel, en una foto del 1969, més o menys a l'època de l'entrevista

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