diumenge, 15 d’abril de 2012

[119] Traduccions de poemes

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S'han conservat unes poques traduccions de poesia de Gabriel Ferrater:
  • Dotze poemes de Gottfried Benn, traduïts al castellà i publicats a la revista de Camilo José Cela Papeles de Son Armadans (tom VIIè, núm. 19, a l'octubre del 1957, pàg. 58-68).
    • La traducció acaba amb una nota del traductor: "Pocos meses antes de su muerte, Gottfried Benn (1886-1956) reunió sus poesías en un tomo (Gesammelte Gedichte, Wiesbaden, Limes Verlag, 1956). Las doce poesías que anteceden han sido dispuestas en orden inverso al que siguen en dicho tomo, y que es aproximadamente el cronológico. Las poesías numeradas del 1 al 5 fueron escritas entre 1949 y 1955; la que lleva el número 6, entre 1937 y 1947; las restantes, entre 1912 y 1920. Doy las gracias a mi amigo Carlos Barral, que amablemente ha revisado estas versiones; sin su ayuda, serían mucho más infieles al original y, sobre todo, al genio de la lengua española.".
  • Un poema de Matthew Arnold, "Platja de Dover", una traducció inèdita fins que no la va publicar Francesc Parcerisas dins la seva antologia Poesia anglesa i nord-americana, al costat de dos poemes més de Mathew Arnold que entenc que va traduir ell. 
  • Tres poemes de Bertold Brecht, autògrafs reproduïts dins l'Àlbum Ferrater, pàg. 139-141.

***

TAMBIÉN SON HOMBRES, de Gottfried Benn

También son hombres, piensa uno
cuando el camarero se acerca a una mesa
que está escondida:
una mesita en el rincón.
Tienen también ternuras y apetencias,
seguro que hay en ellos goce y pena.

Ya ves que no estás solo
en tu trajín, tu angustia, tu temblor.
Allí también hay duda, y ansia, y vaguedad,
aunque sea en las cosas del oficio.
Es la materia humana;
cierto que en formas económicas,
pero está allí.

Es infinita la aflicción del corazón
y universal.
Aunque, si algún día amaron,
si alguna vez la sed les abrasó
de una savia de frutas
en otra boca,
si envilecieron, ahogados
por la discordia de las almas —
esto no lo sabemos, ni podemos
preguntárselo al camarero
cuando aclara su rostro
la inminencia de la propina
que aplacará una sed de otra especie,
pero también muy honda.

***

BAUXITA, de Gottfried Benn

La semana resultó bastante cara
— cosa de cuatrocientos marcos —
pero hubo en ella instantes de prodigio,
sublimes, realísimos, de suave raso:
torrentes de exaltada trascendencia.

Muchas veces me fijo atentamente
en la diestra de los caballeros.
Es la mano que se abre. De ordinario
no merece casi la pena.
Pero hay lances que no se olvidan:
la gozosa flor del castaño,
blanca y tierna, con su hondo aliento
que mayo nos regala.


En la mesa de al lado están diciendo: «Nosotros los mayoristas».
O acaso: «De poco sirven estos datos,
puesto que ha de variar el tipo de descuento».
Y también: «Este es el canon de consignación».
El mundo está lleno de frases como éstas.
Y enfrente, la contabilidad celeste:
ruinosa tal vez, en cierto modo innoble,
pero ahí estábamos, planchados, trabajando, atendiendo,
cuando por cuatrocientos marcos
el muro se agrieta
saltan peñas
las venas brillan
oro puro
bauxita

toda una semana, en que la voz del cielo: «Nosotros los mayoristas».

***

LO MALO, de Gottfried Benn

No saber inglés
y oir hablar de una buena novela policíaca
todavía no traducida.

Cuando hace calor, ver una cerveza
que uno no se puede permitir.

Tener una idea nueva
y no poderla enredar en un verso de Hölderlin,
como hacen los profesores.

Viajando de noche, oir olas que baten
y pensar que lo hacen siempre.
Muy malo es esto: estar invitado
cuando en casa hay más silencio,
mejor café,
y no está uno para charlas.

Y lo peor:
no morir en verano,
cuando todo es claro
y está la tierra blanda para las azadas.

***

ESTRUCTURA, de Gottfried Benn

Bien están ya el cielo, el amor y la tumba.
No queremos seguir ocupándonos de ellos.
Para nuestro ciclo cultural, todo está dicho y agotado.
Lo nuevo es la cuestión de la estructura,
y ésta es urgente:
¿por qué expresamos algo?

¿Por qué rimamos o dibujamos una muchacha
del natural o de memoria,
o cubrimos una hoja de papel de barba
con muchas plantas, copas de árboles, muros
como gusanos gordos con caparazones
que se suceden, un tanto asquerosos,
en rigurosa alineación?

¡Totalmente insoluble!
No es el deseo de ganancia, puesto que
muchos se mueren de hambre con ello. No,
es un impulso de la mano
que viene de muy lejos, un instinto en el cerebro,
tal vez la supervivencia de un dios lar o de un animal totémico,
un priapismo formal a expensas del contenido.
Ya se pasará,
pero hoy día la estructura
es lo primario.

«Los pocos que saben algo de esto...» (Goethe).
¿De qué?
Yo creo que de la estructura.

***

PIENSA EN LO INÚTIL, de Gottfried Benn

Cuando una angustia
(a ti que has conocido grandes horas
y que has pisado fuerte, y la opulencia
de embriagueces y auroras y revueltas
que no esperabas
pudiste aprovechar);
cuando una angustia,
con su derrumbe y su atisbo del fin,
desde lo insondable
haga presa en ti:

piensa en lo inútil,
las delicadas sienes y el absorto rostro
que el fiel recuerdo guarda;
prometían bien poco, y sin embargo
pidieron flores
y en silencio,
con una sonrisa apenas expresiva,
las elevaron a su cielo
pequeño, que tan pronto
tenía que extinguirse.

***

LUEGO..., de Gottfried Benn

Cuando una cara, joven compañera
en que besamos resplandor y lágrimas,
cambiando al primer toque de los años,
en vida renunció al temprano encanto

(¡arco de antaño, logro en toda flecha;
purpúrea caña, enhiesta en el azul;
címbalo, que cantó toda canción:
Funkelnde Schale, — Wiesen im Dämmergrau!);

al primer toque le siguió el segundo,
sólo en la frente seguía velando
una hora solitaria, la hora última;
y luego todo el rostro tan querido
volcándose a la noche.

***

CÁNTICO, de Gottfried Benn

¡Volver a ser nuestro remoto antaño!
Mota de barro en cálido pantano.
Vivir, morir, preñar y dar a luz:
tan sólo un brillo en nuestra sorda savia.

Alga flotante, o arenosa duna
que pesa y se adormece, cuando el viento...
Ya en un insecto, un ala de gaviota
palpita demasiado sufrimiento.

***

MADRE, de Gottfried Benn

Te llevo como una herida
en la frente que no se cierra.
No siempre duele. Y no se vierte
por ella, muerto, el corazón.
Pero a veces, de pronto, ciego y siento
sangre en la boca.

***

AMENAZA, de Gottfried Benn

Sábelo:
Vivo días de animal. Soy una hora de agua.
Al atardecer se adormece mi párpado como el bosque y el cielo.
Mi amor sabe muy pocas palabras:
qué bien se está en tu sangre.

***

RASPADO, de Gottfried Benn

Otra vez yace en la actitud
de concebir,
sueltos los muslos
en sus anillos.

La cabeza se inunda y se derrumba
como al gritar:
«arroja, arroja tu temblor
en mi hondura».

El cuerpo se sostiene por el éter,
se entrega ya:
«luego el diluvio y luego
tú, sólo tu...»

Caen los muros, mesa y sillas
se llenan de materia, enferman
en la hemorragia, el ansioso mareo
y la muerte cercana.

***

LA NOVIA DEL NEGRO, de Gottfried Benn

Yacía en un cojín de oscura sangre
la rubia nuca de una mujer blanca.
El sol se enfurecía en su cabello,
lamía con pasión los muslos claros,
se arrodillaba ante el moreno sexo
sin mácula de vicios o de partos.
Un negro a su costado, al que una coz
partió la frente en dos, que introducía
dos de los sucios dedos del pie izquierdo
dentro de su menuda y blanca oreja.
Dormía la mujer, en paz, como una esposa:
al borde de la dicha del amor
primero, en la inminencia
de muchas ascensiones de la sangre
ardiente y juvenil.
Pero tan sólo
el bisturí se hundió en su garganta,
y un purpúreo mandil de sangre muerta
le cubrió las caderas.

***

INFANCIA FELIZ, de Gottfried Benn

Una muchacha que pasó varios días
entre unos juncos, tenía la boca
roída a mordisquitos.
Al abrir el tórax, se vio que el esófago
estaba lleno de agujeros.
Al fin, en un repliegue bajo el diafragma
apareció un nido de jóvenes ratas.
Una de las hermanitas había muerto.
Las otras vivían de hígado y bazo
bebían sangre fresca, y pasaban
en ese albergue una infancia feliz.
Su muerte fue veloz y sin dolor:
las ahogaron en agua.
¡Oh, qué aulliditos daban, pobrecitas!


***

PLATJA DE DOVER, de Mathew Arnold

Tenim mar calma aquesta nit.
Alta marea, i la lluna reposa
clara damunt l’estret; a la costa francesa
un far lluu i ja no hi és; l’espadat d’Anglaterra,
un espurneig immens, es dreça
i corona la pau de la badia.
Vine’m a la finestra, respirem
l’aire clement que ens duu la nit!
Només que del llarg fil d’escuma, on la mar
talla la terra pàl·lida de lluna,
escolta!: com retruny el turment dels palets
que les ones s’enduen, i després
els llencen, de tornada, platja amunt,
i s’engeguen i hi tornen i s’engeguen
amb una trèmula cadència, només
que ens vel, lent, l’acord etern de la tristesa.
Fa tant de temps que Sòfocles,
sentint-ho a l’Egeu, va meditar
la turpitud del flux i del reflux
del sofriment humà; nosaltres
pensem també, quan sentim el soroll
des d’aquesta remota mar del nord.

I la mar de la Fe
també un dia va ser al més alt de la marea
i va cenyir, cintura clara i ben plegada,
les ribes de la terra. Avui
li sé escoltar només el melangiós,
el llarg rugit quan es fa enrere
i cedeix: que ens aleni el vent nocturn
i ens esmoli les vastes vores àrides
i l’esquelètic bastiment del món.

Oh, amor, ens hem d’ésser
lleials!, car aquest món, que sembla
que se’ns obri com un país de somnis,
tan variat, tan ric de bellesa, tan nou,
no té joia real, amor, ni llum,
ni certitud, ni pau, ni un menys de pena;
i aquí ens trobem com a una plana on es fa fosc
i es travessen els crits de qui lluita amb qui fuig,
i exèrcits ignorants topen de nits.

***

SONET VIIè dels Augsburger Sonetten, de Bertold Brecht

Jo t'aconsello que te'm donis, i que no
lliguis més tractes tu amb tu mateixa.
Però em fa cara que respons:
       Deixem-ho estar.
Si ho fes, podria ser molt bé que tu

em tractessis després com un menjar
que obre la gana d'un de sol, i quan
és tip, se'n deixa la meitat al plat.
Allò que ningú et roba, ni t'hi fixes!

Ho deic veient que la llei del mercat
tendeix a un alt consum dels genitals
i, doncs, la conjuntura del consell...

Un bon consell, diràs. Potser, i és llàstima
que se'l veu sospitós d'afavorir
qui l'ha donat.
   Bé, retiro el consell.

***

ÜBER DIE GEDICHTE DES DANTE AUF DIE BEATRICE, traducció inacabada de Bertold Brecht

Encara, per damunt la pols de tomba
on jau la que no era pas per ell
(per moltes maniobres de carrer
que fes), ens esgarrifa el nom d'una ombra.

I és que ell ens ha manat, ihrer zu gedenken
Indem er solche Verse auf sie schrieb /
DaB uns fürwahr nichts andres übrig blieb
Als seinem schönen Lob Gebör zu schenken.

Quina immoralitat que ha desfermat
l'elogi, encomanat fins avui dia,
de l'objecte mirat i no tocat!

Des que ell, a simple vista, va cantar,
diu que amb allò que fa goig quan fa via
i mai no es posa humit, hi hem de trempar.

***

DESCOBRIMENT D'UNA NOIA, de Bertold Brecht

L'adéu sumari del matí, una dona
dreta al pas de la porta, i amb fredor
me li he fixat que té un floc de cabells
grisos. I ja no me'n sabia anar.

Li he agafat un pit sense dir res.
I quan m'ha fet present que els tractes són
que l'hoste d'una nit se'n va al matí,
me l'he mirada i he dit sense embuts:

"Només et vull una altra nit. Em quedo,
però aprofita el temps. És una llàstima
que t'estiguis així al pas de la porta.

I no hi hem de gastar tantes paraules,
que ens hem distret de veure que ets caduca."
I l'avidesa m'ha ofegat la veu.


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